Lo tuvo Guille Franco en sus botas, y más concretamente en su talón. Old Trafford se estremeció como si hubiera escuchado un chillido en la más completa oscuridad de un bosque y respoló cuando Sir Alex Ferguson dio entrada a la luz del Teatro de los Sueños. Ese rayo de esperanza que estuvo a punto de partir este verano volvía a pisar el césped del United cual héroe que escapa de las garras del ogro.
Cristiano Ronaldo reapareció, pero de nada sirvió sino para capturar las primeras tomas del portugués esta temporada. El Villarreal no fue superior, ni mucho menos, pero aguantó el tipo y se llevó, como hace tres temporadas, un suculento botín del infierno del campeón, que ya no lo parece tanto. Un empate con sabor a victoria.
El monólogo del United tuvo una duración mayor que los del mismísimo Pepe Rubianes, porque lejos del remate del Guille Franco a la madera, el submarino amarillo se encomendó a la línea defensiva y a los guantes de su santo, Diego López. No necesitaron rosarios, aunque quizás a una cena debería invitar el equipo de Pellegrini a Wolfgang Stark, que se comió con patatas, al menos, un penalti cometido sobre Park. Quizás por eso de que sea alemán y los lazos que a éste y al Villarreal le unen con el Mediterráneo hayan ayudado algo.
Se repitió el mismo resultado que en la 2005-2006, y ya por entonces los de Manuel Pellegrini dejaron fuera a todo un Manchester en la fase de grupos. No muchos saltan al tapete de Old Trafford y se mantienen en pie, y este Villarreal ya lo ha hecho en dos ocasiones. Soñar es gratis, y quizás no sólo sea el cartero el que llame dos veces. Europa ha vuelto a plantarse en mitad del camino de este club, y éste, ni corto ni perezoso, ha cogido al toro por los cuernos en el primer asalto. Si algo tiene este Villarreal es que es capaz de todo. Me quito el sombrero.



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