
Parafraseando al maestro Martí Perarnau, los clones, Chelsea y Valencia, acaban de pasar noventa minutos mirándose al espejo y han dejado, como era de esperar, la resolución de la eliminatoria para dentro de seis días en Mestalla.
Una parte para cada equipo, y un gol para cada uno, aunque el del Valencia llegó con un sensacional disparo de Silva y el de los blues tras una jugada desafortunada de Ayala que aprovechó Drogba.
Ya lo declaraba Sánchez Flores en la previa, “Será un partido muy de medio campo, muy físico. Cuando nos enfrentamos a conjuntos parecidos a nosotros, como es el caso, nos cuesta más y se decide todo por mínimos detalles”. Mourinho pareció medio aliviado al final del partido, con el empate como mal menor, y habló de partido “mal jugado pero muy disputado”.
El Chelsea ha perdido pujanza respecto al equipo de las últimas dos temporadas. Hasta este verano, jugaban con un 4-3-3, con un medio campo flexible y mucho juego por bandas con Robben, Duff o Joe Cole para el punta, Drogba. Con la llegada y la alineación casi con calzador de los nuevos fichajes, Ballack y Shevchenko, el juego exterior ha desparecido, y ahora practican un embudo por el centro más fácil de defender, sobre por rivales bien formados como el grupo valencianista.
El Valencia ve la eliminatoria como la anterior ante el Inter. Ha logrado su objetivo de marcar fuera de casa, y podrá decidir en Mestalla (como por cierto le ocurrirá ante el Liverpool si finalmente consigue clasificarse). Creo que el Chelsea es más rival que el próximo campeón italiano, pero es lógico que el equipo español se instale en el optimismo. Tuvo que trabajar mucho, pero apenas sufrió, y se sobrepuso a importantes bajas como Marchena, Baraja, Morientes o Vicente al inicio del partido. Los blues son un equipo orgulloso, y hace años que eliminarles de Europa, aunque no hayan logrado llegar a jugar ninguna final, cuesta, valga el tópico, sangre, sudor y lágrimas. El Valencia tendrá su oportunidad. Benítez y su Liverpool ya esperan.
Foto: Marca.com


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