Al final el premio (?) de contar con los servicios de Javier Clemente no se lo llevó la selección de Irán, sino el Real Murcia. Un equipo que hace ya varias jornadas que necesitaba un cambio radical. No sólo por la paupérrima estadística de haber sumado un sólo punto de los últimos 24, sino porque el juego del equipo ha caído en la desmotivación, el derrotismo y la dejadez. Incluso se podría aplicar esto al que hasta ahora era su entrenador Lucas Alcaraz, que si no ha sido cesado antes es por la reticencia de Jesús Samper a la hora de rascarse el bolsillo.
Yo, como ya comenté en el post sobre la dimisión de Irureta, creo que cuando se dan éste tipo de situaciones en las que fichas a un técnico para evitar el descenso en el tramo final de la competición, éste tiene que tener unas características indispensables, como carácter, ambición y que imponga disciplina. Por ello, aunque Clemente no me guste en general, creo que para situaciones como esta puede ser válido.
Porque ahora no se trata de agradar al público con el juego, eso ahora es secundario. Ahora se trata de sumar puntos de cualquier forma, aunque para ello tengan que jugar nueve defensas y un delantero. Hay que evitar el descenso con un equipo que está a seis puntos de la salvación, quedando doce jornadas. Ya no hay tiempo para imponer esquemas, estilos de juego ni conceptos. Lo que hay conseguir es subir el ánimo de los jugadores, dotarles de ambición, conseguir que se sacrfiquen en el campo, y sobre todo que se crean capaces de conseguir salir del pozo. Y en otras cosas igual no, pero de saber motivar a un equipo y cargarle las pilas, Clemente puede presumir.

