
Astoria es un pedacito del noreste de Quenns que mira a Manhattan de frente. Sus calles reflejan a la perfección lo que es Nueva York, un crisol de culturas que se han ido yendo paso de generación en generación. En este caso, la influencia alemana y griega del barrio es innegable, aunque en sus calles también hay un trocito de españolidad. La Casa de Galicia de la gran metrópoli norteamericana se levanta en la Avenida Astoria, después de un largo peregrinaje que desde 1940 ha llevado su emplazamiento del West Side a su actual ubicación. Y allí, en ese mismo lugar donde sus socios, aproximadamente 1.000, disfrutan de las viandas de la anhelada tierra de origen durante los fines de semana, tiene su sede administrativa el Club Deportivo Iberia, fruto del sueño de unos emigrantes gallegos que en 1967, nostálgicos del deporte que amaron en su niñez crearon un equipo en Astoria para competir llevando el nombre de la península que tanto añoraban desde su exilio, en la mayoría de los casos forzoso.
En Nueva York llegó a haber varios equipos españoles, como en tantas otras capitales del nuevo mundo, pero el tiempo poco a poco los fue aniquilando. Sin embargo, el Club Deportivo Iberia resiste las embestidas de la cultura yanki, compitiendo desde su creación en la Cosmopolitan Soccer League, un campeonato amateur del área metropolitana de la Gran Manzana, que cuenta con cuatro divisiones de 20 equipos, estando obligado cada conjunto participante a contar con una escuadra reserva. En la actualidad el CD Iberia compite en Primera, categoría de la que se ha hecho un fijo desde que lograra ascender en 1999. Los españoles se ven las caras con otros equipos representativos de múltiples naciones europeas. Tenemos conjuntos italianos, griegos, croatas, albaneses, búlgaros e incluso otros que hacen referencia al Eintracht de Frankfurt o al Zenit de San Petersburgo, aunque estos dos están en la división más baja en estos momentos.
35 son los jugadores que integran el primer y segundo equipo del CD Iberia. La gran mayoría de ellos son de origen gallego, neoyorkinos de nacimiento pero de sangre española, que saben de gaitas y meigas a pesar de las decenas de miles de kilómetros que los separan de la tierra de la que proceden. Italianos y estadounidenses flamantes amantes del soccer ayudan a completar una plantilla que está a muy poco de hacer historia, porque después de una temporada inolvidable con un balance de diez victorias, dos empates y sólo cuatro derrotas, roza las semifinales del campeonato, a la espera de que choquen sus dos rivales en la punta.
No sería, en caso de ganar la Cosmopolitan Soccer League, el primer título que festejarían estos españoles que aportan orgullo a todos sus compatriotas de Nueva York, pues en los años setenta se hicieron con la Knickerbocker State Cup. Ahora sueñan con repetir hazaña, sobre todo porque el premio al campeón es de 5.000 dólares, una cantidad que podía venir de perlas al entrañable club que preside Domingo Formoso.
Pero son muchos más los que día a día trabajan para que el CD Iberia continúe respirando. Manuel y David Lago, Segundo Caldas o Diego Monteagudo, entre otros muchos, son también responsables directos de que el sueño capitaneado en su día por José Cagijal siga siendo una realidad. Es un equipo de familias, de abuelos, padres e hijos, un símbolo de unión en el que muchos de estos emigrantes se agarran para seguir sintiéndose de su verdadera tierra. El año pasado se celebró una cena de gala para conmemorar los 40 años de existencia del único club de fútbol español existente en Nueva York. A la misma acudieron 250 personas. Corrió la buena comida gallega, las anécdotas del entonces y del ahora, las batallitas, los deseos de larga vida… El Club Deportivo Iberia, embajador de nuestro balompié en la ciudad de las ciudades, está muy vivo, y yo quería contarlo.



Comentarios
bonito el artículo (y por fin descubro qué es exactamente astoria) cuidado con el "pedazito"!
Muy interesante el texto; una verdadera embajada. Saludos. http://mivisiondelfutbol.blogspot.com