Fútbol con foie: Polvo de diamantes en la Costa Azul

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Hace unos meses inauguraba mi aportación a NdF con un post dedicado a la tradicional fuga de talentos franceses a la Premier. Hoy quiero aportar otra perspectiva y echando la vista atrás recordar que hubo un tiempo donde Inglaterra pagó con creces esa deuda. A finales de los ochenta el fútbol francés tuvo ocasión de disfrutar de dos de los mayores talentos ingleses de las últimas décadas. Hoddle y Waddle, Waddle y Hoddle, dos genios que triunfaron a ambos lados del Canal de la Mancha.

Finales de los ochenta, calientan los martillos que derribaran en muro de la Guerra fría, Pinochet es derrotado en unas elecciones democráticas, y en el mundo del fútbol Sachi y la dinastía de los tres tulipanes tiranizan Europa. En el Tottenhan coincidían durante apenas un par de temporadas sin resultados memorables Glen Hoddle un centrocampista exquisito con un gps en el pie y Chris Waddle, extremo atípico y genial. Sus caminos se cruzaron en direcciones contrarias. Mientras Hoddle llegaba a su madurez convertido ya en una institución del fútbol inglés, Waddle necesitaría un escenario menos británico para triunfar. Ambos se decidieron a cambiar de aires y miraron hacia el vecino del piso inferior.

En 1987 acompañado de otro inglés como Hateley Hoddle fichaba por el Mónaco de Arsene Wenger, su llegada supuso una conmoción en el país galo. Se erigió rápidamente en el jefe de un Luís II donde semana tras semana repartía raciones de caviar a Hateley y un jovencísimo George Weah. En 1988 ganaba la liga y se convertía junto a Rainiero en el rey del principado. Dotado de un físico nada imponente y de una lentitud exasperante, sus ventajas competitivas residían en dos piernas de una precisión admirable, y una lectura del juego propia de un erudito. Juego corto, largo , golpes francos, er maravilloso verle distribuir el fútbol en el medio como un Von Karajan que en vez de batuta marcase el ritmo con una diestra exquisita. “Un Glen Hoddle, sólo hay un Glen Hoddle” este grito de guerra se hizo popular durante los partidos del Mónaco.

En su tercera temporada en Francia, Hoddle se rompió la rodilla y puso fin a su periplo por el fútbol de élite. Mónaco que unos años antes había llorado a la princesa Grace Nelly estrellada en una curva maldita, despedía ahora a su príncipe inglés, el de la pierna de seda. La tragedia fue menor, Inglaterra se reservaba otro regalo para su vecino Apenas un año antes desembarcaba en Marsella un tipo con pinta de estibador y peinado imposible. La chequera sin fondo de Bernard Tapie conseguía llevar para su Olympique a Chris “Magic “ Waddle por la cifra record de cinco millones de libras.

Extremo inclasificable dotado de un dribbling furioso y una anarquía más propia de un carácter latino, Waddle fue junto a Gasgoine el mejor jugador inglés de los noventa. Ganó tres ligas con un Olympique de leyenda. Dejó un ramillete de goles excelsos y junto a Papin y Abedi Pelé formó un tridente letal. Tan sólo el Estrella Roja de los Prosineki, Pancev y Savicevic evitó que alcanzase la Copa de Europa. En 1992 ponía de nuevo rumbo a las islas.

El papel de ambos genios con la selección inglesa sería igualmente brillante. Con “los tres leones” harían honor al sobrenombre de su selección convirtiéndose en los líderes del combinado inglés. En 1986 Hoddle llevaría a una gran selección inglesa a naufragar frente a Maradona mientras Waddle aguardaría desde el banquillo. En Italia 1990 llegaría el turno de este último, tras ajusticiar a Camerún fallaba el penalti decisivo ante Alemania en semifinales. Dos estupendas selecciones inglesas se iban por el sumidero a las puertas de la gloria, si el caprichoso destino hubiese sonreído a alguno de ellos en los mundiales quizás su dimensión como jugadores hubiese llegado amplificada hasta nuestros días.

En 1987 Waddle y Hoddle se permitían la frivolité de grabar “Diamond Lights” canción futbolera que sirvió para apoyar al combinado inglés. Quedó claro que su talento no era musical precisamente, no importó. El título de la canción ilustra que si como decía la malograda Marilyn Monroe el mejor amigo de las mujeres son los diamantes. Inglaterra regaló dos de muchos quilates para conquistar a su vecina. En la costa Azul aún puede seguirse el rastro que dejaron ambos, puro polvo de diamantes.

En NdF | El futbol francés se desangra por el Canal de la Mancha

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