Silenciar Porto Alegre. O al menos la parte del Gremio. Ahogar gargantas locales. Echar agua a la caldera del olímpico gaucho, apagar el fuego, dejar en nada el incendio. Eso y más hizo Juan Román Riquelme ayer en Brasil. No, no hubo remontada de Gremio. Boca controló a los brasileños en el primer periodo, no se vio afectado por el increíble ambiente adverso que crearon los hinchas locales, no se sintió extraño vistiendo calzonas amarillas debido a la indumentaria del local. Nada de eso. Como decía, aguantó en el primer periodo y en la segunda parte se encomendó a Román para seducir a América. El todavía jugador del Villarreal se sacó un misil a veinte del final que acabó con el carnaval canarinho. Diez minutos más tarde metió su bota, al estilo Palermo, para hacer el segundo y desatar la locura de los cuatro mil aficionados de Boca que tanto habían sufrido hasta el momento, no por el partido en sí, sino por las continuas agresiones de la torcida del Gremio, orines incluidos. Ése era el momento de la pasión Xeneize, que ni siquiera se apagó cuando Palermo erró un penalti que podía haber sido el 0-3. No importaba, el 0-5 global estaba bien, era suficiente para ganar la sexta Libertadores, para quedarse a una de Independiente, para reinar por en el continente por cuarta vez en la década, para sumar más títulos internacionales que nadie en el mundo. Chao Milán.
Boca es un equipo hecho para la Libertadores y lo volvió a demostrar. Esta vez no estaba Bianchi. Y qué. Russo también sabe. A los xeneize no les tembló el pulso en Brasil. No les afectó el escándalo que montaron los hinchas de Gremio la noche anterior al partido, tirando petardos y tocando bocinas para provocar desconcentración y evitar el sueño. El ambiente era tremendamente inhóspito, pero los bosteros estuvieron muy por encima de todo eso. Sobre todo Riquelme. Es el hombre del torneo. Ha ido de menos a más y las dos finales que ha jugado han sido para enmarcar. Evidentemente, se llevó el MVP del partido. Cómo no. Román tocó, durmió el choque, le imprimió ritmo cuando quiso, en definitiva hizo lo que le dio la real gana ante la desesperación brasileña, que comenzó a tirar patadas a diestro y siniestro. Ni con esas. De nada sirvió. El 10 vuelve a ser el que fue, el que llevó al Villarreal a las semifinales de la Champions. El 10 dio una exhibición de fútbol y llevó en volandas a sus compañeros, escoltado muy bien por Ledesma, por el joven Benega, por Palacio y Palermo arriba, por Neri Cardozo, por el negro Ibarra atrás, otro con el que hay quitarse el sombrero, por el Cata Díaz, por Clemente y Morel, por el meta Caranta, cuya actuación ante Vélez
fue vital para cantar hoy victoria…
Boca agranda su leyenda y se consolida sin ningún género de dudas como el mejor equipo de la década. Boca no para de sumar títulos. Boca está rizando el rizo, jugando a ser leyenda. Russo y Riquelme han conseguido devolver al barrio bostero la alegría después del tremendo palo del pasado diciembre cuando se perdió incomprensiblemente el título ante Estudiantes. Vuelve Boca a ser el más grande. Vuelve Boca a crear silencio en Sudamérica. Se vuelve a ganar el respeto, la admiración. Y todo con Román, el nuevo Libertador, el hijo moderno de Simón, un jugadorazo, se quiera admitir o no, que en estos cuatro meses de cesión ha justificado la fuerte inversión que se hizo por él. Riquelme es el nombre propio de este título. Es su tercera Libertadores, pero puede que nunca haya gritado tanto, porque su valía se había puesto en duda. Porque muchos vieron el fracaso cercano con su fichaje. Porque los palos recibidos en su país fueron intensos tras el Mundial. Porque salió por la puerta de atrás del Villarreal. Se ha desquitado de todo.
Hoy es día de orgullo bostero. Día especial para esa mitad más uno, que no es tal por mucho que digan. Hoy ríen los que sienten en Azul y Oro. Cantan aquello de que “traemos la copa a la Argentina, la que perdieron las Gallinas”. Es la sexta, es la gloria. Y puede que la despedida de algunos. Palacio quizás ha jugado su último partido. Dudo que se quede en Argentina. Lo de Riquelme está más en el aire. Con este triunfo, con la exhibición de ayer estoy convencido de que se hará lo imposible para evitar su marcha. Veremos qué pasa con el Cata Díaz y con Clemente, otros que pueden cruzar el charco. Será inevitable que se deshaga este equipo ya de leyenda.
En NdF | Porque sigue siendo el rey


Trackbacks