
Lo que más irritó a Ricardo Riccò en 2008 antes de su espectacular participación en el Tour de Francia vino provocado por una decisión de la organización del Giro de Italia una semana antes del comienzo de la carrera: invitar a Astana, previamente rechazado por ellos y el Tour de Francia; invitar a Alberto Contador.
Contador ganó el Giro de vacaciones, tras ganar la Vuelta al País Vasco, le sacaron de la playa para entrenar tres días e irse a Italia, en una baza que Astana quería aprovechar con todos sus líderes después del rechazo total de organizadores.
Italia es un feudo muy exclusivo, del que el madrileño salió coronado aprovechando el principal defecto del ejército de escaladores italianos: la contrarreloj.
Sin ganar ninguna etapa, y con emoción hasta la última, Contador tuvo que defenderse de unas embestidas cuya naturaleza todavía desconocidía. La furia italiana se tradujo en terribles demarrajes de Ricardo Riccò (que en más de una ocasión había sacado de punto a Contador ya en el Giro) con plato en el Mortirolo. Riccò se resistía a perder este Giro. Es evidente que no soportaba la idea de que no pudiera ganar ni haciendo trampas. Después de cada etapa, el principal rival de Contador se encargaba de transformar su rabia contra el madrileño en insultos y escepticismo sobre su falta de preparación de la carrera.

Otro que lo tuvo muy crudo en 2008, pero al que por el contrario que el anterior hay que alabar, fue Danilo Di Luca. Y hemos de hacerlo porque nos puso el corazón en un puño en la jornada previa a la etapa reina con el Mortirolo de por medio. Una etapa trampa, lluviosa, con dos puertos finales de primera, pero no con entidad suficiente para perder un Giro allí. Pues a Contador casi se le escapa el Giro en ese punto, después de un sorprendente ataque del italiano, con la colaboración de lujo de su compañero, el ya retirado Paolo Savoldelli. Asistimos a una jornada histórica que Di Luca se encargó de desmitificar al día siguiente con un pajarón (y normal es, porque los esfuerzos se pagan) también histórico.
La Italia del espectáculo y del ataque perdía un Giro que Contador solo podía ganar a la defensiva, aguantando el tipo lo mejor que pudiera contra los dos mencionados. El resto del reparto fueron más bien secundarios, cada uno a lo suyo. Denis Menchov preparando el Tour no llegaba a estar a la altura; por Gilberto Simoni los años no pasaban el balde; Emmanuelle Sella y su cadencia no apostaban por la general, sino por ensuciar varias etapas, y Marzio Bruseghin perdía demasiado tiempo en montaña como para pensar en llevarse la carrera. Cabe destacar también entre tanto secundario la gran carrera de Joaquín Rodríguez, que siempre estuvo en la escapada los días más duros, los vibrantes duelos al sprint Cavendish-Bennati, y el gran triunfo de Pellizotti en la durísima cronoescalada al coloso Plan de Corones.

Como digo, cada uno a lo suyo, y Contador al Giro. Ya comenzaba a sentirse la cita con la historia, de ser el primero de los nuestros en ganar las 3 grandes.
Foto | Cycling Weekly y A rueda



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