
La presunción de inocencia debería ser una de nuestras prioridades a la hora de escribir sobre el espinoso mundo del dopaje. Y es que este vendaval que vivimos de endurecimiento de la lucha contra esta enfermedad, también se lleva por delante a bastantes inocentes, como Aketza Peña, quien hace un año y medio fue apartado radicalmente del mundo del ciclismo por un supuesto positivo.
Tras 15 meses, el Tribunal de Arbitraje Deportivo ha indultado a Aketza, porque su positivo no fue más que un fallo del laboratorio. La vida de un profesional que comenzaba a cuajar quedó hecha añicos.
A pesar de que el gran público y las autoridades contribuyen a elevar las penas por dopaje, lo cierto es que se debería aumentar en la misma proporción la eficacia de los medios, como laboratorios y análisis. El ciclista cazado no solo pierde su trabajo, sino también se le niega la posibilidad de poder trabajar en ese sector durante los próximos dos años.
No dudo sobre la justicia de las penas, pero no han de aplicarse a la ligera. Me gustaría mandar, y me incluyo, una señal a los medios de comunicación, que tantas veces nos saltamos a la ligera la presunción de inocencia: los contraanálisis están ahí por algo.
Aketza Peña había abandonado su carrera como ciclista profesional. Le podíamos ver más a menudo compitiendo en Mountain Bike. Aunque es su decisión, a este redactor le gustaría verle de nuevo en carretera.
Vía | El Correo Digital
Foto | Wikipedia


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