
No es necesario exagerar ni satanizar, pero tampoco vamos a negar la realidad. Alberto Contador es hoy un poco menos líder de su equipo de lo que lo era ayer. El viejo zorro tejano ha sabido sacar petróleo del pozo que se le resistía, con la astucia de Daniel Plainview.
¡Contador no se puede quejar! En su favor solo saldría el bueno de Benjamín Noval, baja en el Tour por rajar. Astana pertenece a Johan Bruyneel, hoy el director ha sido Lance Armstrong, y este es su Tour de Francia. Rabia, dolor, soledad o traición son las sensaciones que ha de negar, y no sabe, Contador.

Le basta con advertir de sus intenciones cuando llegue su terreno. Con su frase de 41 segundos no es mucho amenaza con que la carrera se equilibre a su favor por el lado de la fuerza y no de la astucia, en Arcalis. La venganza será un demarraje seco, lejos de meta, que Armstrong sufrirá, y cuyo resultado es todavía una incógnita.
Parece que el cisma de Astana ha llegado antes de lo que hubieramos imaginado, al menos, a los medios de comunicación: es divertido escuchar a Carlos de Andrés en TVE estallar de indignación.

Lo más grave del asunto, no es el presente, sino el incierto futuro. Dependiendo de la situación en carrera, Contador se puede ver tan pronto arropado por el equipo más potente en años, o bien tener al mismo en su contra 10 kilómetros más tarde. ¿Es beneficioso correr así? Pues Bruyneel parece disfrutar con su trabajo, al contrario que algún que otro gregario del equipo.
Al menos en la crono por equipos les veremos unidos, esperemos.
Fotos | Sports Yahoo y Sun times



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