
El viento en Arcalis ha decidido cambiar la historia que estaba por llegar en este Tour de Francia, excepto en un punto: hoy Alberto Contador atacaría, y así lo ha hecho.
Lo significativo es que ha sido a dos kilómetros de meta. El madrileño no se ha podido aguantar, después de un efímero ataque de Cadel Evans que no hizo daño, y ha vuelto a colocarse por encima del tejano en la general. Sigue siendo la estrategia más inteligente, la de lanzar a todos sus líderes por delante, hasta que se rompa la cuerda, porque aquí cada uno corre a lo suyo. ¿Lógico y normal? Sí, pero también pernicioso en un mismo equipo.
Los que quieran ver normalidad en la relación profesional de Astana y de Contador con Armstrong y viceversa, están en su derecho. Algo de eso tiene. Sin embargo, dejen que lo compare con la típica discusión que comienza con risas, pulla para uno, pulla para otro, la gente que les rodea disfrutando del jolgorío en aumento, hasta que uno da un puñetazo en la mesa, y la cosa se pone seria. Esto todavía no ha sucedido.
Lo que sí ocurre es el festival de declaraciones que uno y otro decorosamente se dedican al terminar las etapas.
Es triste que el verdadero protagonista sea el viento, que es como la lotería en ciclismo. Hoy les ha tocado el gordo a dos valientes escapados, Brice Feillu y Rinaldo Nocentini, ganadores de etapa y maillot amarillo fortuitos, aunque merecidos.
Por lo demás, sin cambios en la perrera. Este Tour, que se resume en lo que ocurre dentro de Astana, y en lo que ocurre fuera, hoy solo lo querían ganar Evans y Contador, los únicos que se han atrevido a lanzar ataques, y el segundo, el único que ha sacado unos segundos, suficientes para lo que pretendía.
Astana sigue con 3 hombres y medio comandando este Tour de Francia, y así seguiremos a no ser que resuciten en competición a muchos kilómetros de meta Pereiro o Landis, mejor (la duda insulta) el primero que el segundo.



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