
Resulta melancólico reflexionar que la noticia nos arremeta un solo día, a lo sumo dos en los medios deportivos, y que la estricta rutina del sistema mediático convierta en recuerdo al instante a Andrés Montes.
Sin embargo, el aclamado por las masas, y tan odiado por otras minorías, comentarista se sonreiría con nosotros sabiendo que va a permanecer, y mucho, según pasen los años, gracias a un fenómeno creado por él mismo, casi milagroso y de leyenda, y es que él era un jugador más de nuestras selecciones. Queríamos ver el espectáculo en el campo o la cancha, sí, pero el último jugador estaba en la grada.
Su principal virtud paso de ser un aliciente a una razón más para que viésemos una retransmisión. El defecto-coletilla de tantos comentarista fue potenciado hasta la extenuación para superar la barrera del periodista hacia el showman.
¡Qué poco gustó a los clasistas esto! Recuerdo haber escuchado duros comentarios off de record de viejas glorias en RNE cuando La Sexta les arrebata hace unos años a la selección española.
Pasaron los años, y sus quejidos se han ahogado ante el diccionario Montes, que no ha revolucionado el periodismo, sino nuestros corazones y nuestra forma de sentir el baloncesto y el fútbol.
Nos quedamos con las palabras de Gasol: “Hasta siempre Andrés, E.T. te echará de menos”


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