Cualquier justificación es posible para despedir a un entrenador. Desde los malos resultados, hasta la mala relación con el equipo; desde que vea cerdos volando, hasta la mala educación. Es, como en cualquier trabajo, cuestión de poner sobre la mesa la pertinente indemnización. No habrá denuncia por despido nulo o improcedente, en el fútbol no funcionan estas cosas. Lo que habitualmente no fallan son las formas. Habitualmente. Ángel Torres, presidente del Getafe, se convirtió en la excepción que confirma la regla.
El conducto habitual suele ser la típica nota de prensa lamentando la decisión y agradeciendo (quizá en tono irónico) los servicios prestados. Pero Ángel Torres, un presidente mediático donde los haya, quiso convertirse en el protagonista del despido de Víctor Muñoz. Como si el dolido fuera él.
El caso es que perdió las formas y ni corto ni perezoso decidió despedir al zaragozano a base de gritos, sobre el césped y delante de los jugadores, los aficionados y los medios de comunicación. Otra salida de pata de banco que le deja en mal lugar.
Lo cierto es que no le faltan motivos para despedir a Víctor. Quizá, a falta de cinco partidos y con todas las opciones de salvación abiertas, la llegada de Míchel se convierta en el revulsivo perfecto para el equipo azulón. Eso sí, la duda siempre estará en el aire: ¿qué hubiera pasado si Casquero hubiera marcado su ‘mítico’ penalti?
Foto | futbol91


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