
Brasil sigue llorando en los Juegos Olímpicos. En el paraíso del fútbol, allí donde la relación con el balón es una obligación desde el nacimiento, donde se gestan las grandes leyendas, donde la violencia y el fútbol conviven en las favelas y donde el balompié es toda una religión, toca llorar cada cuatro años. En el palmarés de la canarinha cuajado de todos los títulos, seguirá existiendo un ‘debe’: el oro olímpico.
Dos ‘españoles’ fueron los encargados de borrarle la sonrisa a Ronaldinho. El jugador milanista, que había recuperado la ilusión tras salir del Barcelona, no contaba con que el Kun Agüero, en connivencia con Juan Román Riquelme, acabaría humillándole sobre el césped del estadio de Los Trabajadores.
Con más presencia física que juego de calidad, Brasil careció de recursos (pese a los quintales de fútbol que sus hombres atesora) para hacer frente a una Argentina que tardó un tiempo que la final sólo se le podría escapar desde jugadas a balón parado.
Y conocido el camino, sólo hubo que esperar a los guías. Fue Agüero el que tomó el mando para convertir los dos primeros en sendos centros de Di María y Garay. El ‘yerno’ de Maradona hacía llorar a su ‘suegro’. Rememorando sus días de grandeza, el ‘diez’, que también ve en el colchonero una (una más) reencarnación suya, no pudo hacer otra cosa que tirar de ‘kleenex’. La tarde perfecta del Kun se completó cuando forzó una pena máxima que Riquelme acabó transformando en el definitivo 3-0.
La superioridad aplastante de la albiceleste les abre las puertas de dos objetivos: primero revalidar el oro ganado hace ahora cuatro años en Atenas; segundo, tomarse la revancha de los juegos de Atlanta 96 cuando Nigeria, su rival en la final del sábado tras acabar con Bélgica, les arrebató la presa dorada.
Foto | Clarín



Escribir un comentario
Para hacer un comentario es necesario que te identifiques: ENTRA o conéctate con FacebookConnect