A bombo y platillo ha anunciado Lance Armstrong su presencia (será la primera) en la centenaria edición del Giro de Italia. E Italia vibra ya con la que será la primera presencia del más grande de la historia en sus carreteras.
Dice Armstrong en una entrevista concedida a La Gazzetta dello Sport que su decisión de correr el Giro es, únicamente, porque le será más fácil que en el Tour promocionar su lucha contra el cáncer y porque tras vivir varios años en Italia, le apetece disputar un Giro. Pero, ¿hay algo más detrás de esa decisión?
Probablemente sus dudas acerca de su participación en el Tour de Francia. Su intención es esa y se ve con fuerzas para disputar la general pero el problema está en que la organización de la ronda gala no ve con tan buenos ojos su regreso.
Tan desconfiados son que pese a que fueron los primeros en ser informados de su vuelta a la competición, aún no le han confirmado su presencia. Es más, no le han devuelto ni la llamada. Los motivos de las reticencias de los galos son obvios y no hace falta repetirlos. Con teclear su nombre en Google, se obtiene la respuesta.
El riesgo que corre Armstrong en su regreso es, precisamente ese: la falta de invitaciones. Por muy honorable que sean sus motivos, algunas de las grandes vueltas continúan dudando de su limpieza. El ‘gol en propia puerta’ con que Armstrong compara su hipotético rechazo por el Tour quizá no lo sea.
Si alguien ha emprendido una lucha por la limpieza del ciclismo (en ocasiones llegando a ser obsesiva), ése ha sido el Tour de Francia que este año prefirió prescindir del equipo de su anterior ganador (Alberto Contador, Astana) en aras de la seguridad. Si siguen el mismo criterio, Armstrong no debería correr el Tour.
Foto | Flybort



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