El ciclo del Sevilla parece estar llegando a su fin. El conjunto hispalense ha perdido el halo de equipo superior, dominador de los escenarios en los que juega y suficiencia que le ha acompañado en los últimos años.
Toda la superioridad exhibida en tiempos ha desaparecido de la noche a la mañana. Ahora se ha convertido en un equipo más. Competitivo, muy competitivo, pero ya no es inmune a la derrota ante rivales inferiores.
La Copa de la UEFA, el partido ante el Standard de Lieja, un rival menor si se compara a hispalenses y belgas, ha sido la última certificación de ese mal momento. Una derrota por la mínima que, unida a las encajadas ante Málaga, Ponferradina y Valladolid, dejan a los de Manolo Jiménez con muchos deberes pendientes en Europa.
Tampoco fue una buena jornada para el Valencia. Le sucedió, más o menos, lo mismo que a los sevillanos. Una dosis de exceso de confianza ante el Copenhague, también un equipo menor, dejó sin premio a los chés en su estreno europeo.
Mal partido de los de Emery que divagaron por el campo como el estudiante que se hace el remolón antes del examen y que apura el último día. El gol de Morientes a la hora de juego pareció que servía para aprobar, pero Santin, a falta de seis minutos mandó a la reválida de los valencianos.
Por su parte el Racing, encuadrado en el peor grupo, se resiste a decir adiós precipitadamente. El empate ante el Schalke en el Sardinero permite a los cántabros seguir con sus opciones intactas. Tres puntos le separan del líder, el conjunto alemán, y dos del City y el Twente. Distancias demasiado cortas para empezar a agonizar.
En NdF | Mal trago en la Copa de la UEFA


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