Bienvenidos al fútbol; bienvenidos al teatro

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De duelos, en el fútbol, no sobran. Y no sólo dentro del terreno de juego. Enfrentamientos verbales entre clubes, discusiones entre jugadores, palabras mayores con la prensa… el fútbol es un deporte en el que el conflicto no debe por qué tener un balón de por medio.

Y en todo ello, el llamado teatro, las actuaciones de los jugadores para simular faltas y lesiones, se convierte en uno de los motivos de disputa que gana más enteros con el paso de los años.

Hace tres temporadas, el Barça de Rijkaard caminaba con paso triunfal en Europa en busca de una Champions que se le resistía desde hacía un buen puñado de años. El Chelsea, verdugo azulgrana en la anterior edición, volvía a ser el rival a batir. Y cómo no, Mourinho apareció de nuevo para caldear el ambiente.

El motivo: el teatro. Según el técnico, ahora en el Inter de Milán, la expulsió del lateral Del Horno por una dura entrada a Leo Messi era totalmente injusta. Mourinho argumentaba que el argentino había utilizado sus dotes de interpretación para forzar la cartulina roja y, de paso, llevarse el partido. Las imágenes hablan por sí solas, y dejan en entredicho al entrenador.

Pero la polémica no quedó ahí y el cruce de declaraciones fue una constante. Incluso el Camp Nou, en el partido de vuelta, echó más leña en el fuego al cantar aquello de “Vete al teatro, Mourinho vete al teatro”.

No fue la primera ni ha sido la única ocasión en la que el dramatismo excesivo con el que muchos jugadores simulan una agresión tiñe a este deporte de vergüenza. Es una realidad; de eso no hay duda. Pero hay que aprender a convivir con ello e, incluso, combatirlo.

Esta última jornada, sin ir más lejos, la Premier vivió un caso similar. Adebayor, del Arsenal, fue expulsado por una entrada sobre Arbeloa, algo que no sentó nada bien al togolés. “Arbeloa no hizo juego limpio”, le acusó el delantero gunner. El español, sorprendido por las declaraciones, no ha tardado en defenderse al reconocer que es “un profesional que no haría nada para forzar una expulsión”.

Sea o no verdad la intenció del lateral, todavía muchos futbolistas no piensan así. De profesionales, lo son. Y muy buenos. Profesionales en el arte de provocar, de desmaiarse sin motivo; profesionales de las triquiñuelas y el teatro, de revolcarse más de la cuenta sobre el césped. Lástima que reciban tan poco castigo e, incluso, salgan impunes en muchas ocasiones. El caso entre Adebayor y Arbeloa ha sido el último de una cadena que, visto lo visto, tiene pinta de no acabarse nunca.

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