
Intuíamos que esto del Campeonato del Mundo y el maillot arco iris traería efectos secundarios para Cadel Evans. El australiano piensa ya en el Tour de Francia de 2010, y en un duelo entre él y Lance Armstrong.
Quizá es el comienzo de una campaña de marketing de su nuevo equipo, el BMC, lo que le impulsa a declarar que el Tour del año próximo será una batalla entre él y el tejano. Las viejas glorias se resisten a abandonar el panorama de la acción. Y aunque poseen todavía el fulgor de los grandes, la mayoría acabarán por morder el polvo.
El año pasado, sin ir más lejos, Evans acabó a 45 minutos de Alberto Contador, que parece que ha dejado de ser un rival digno de mencionar. Carlos Sastre es otro que añora las gestas de hace dos años, y ha declarado sus intenciones de centrarse tan solo en la ronda gala.
Luego queda, de nuevo, la incógnita de Lance Armstrong. Evans está muy seguro de un progresión positiva: porque si no mejora Armstrong, mucho menos lo hará él. Yo diría que si se repite el tercer puesto, sería ya otro triunfo para él, para las arcas del Tour, el ciclismo, la paz mundial, el cinturón de asteroides entre las órbitas Marte y Júpiter, y todo lo que Armstrong quiera significar.
Así, el próximo Tour, se antoja una pugna entre viejas y nuevas generaciones: Andy Schleck, Robert Gesink o Alberto Contador contra los incombustibles Lance Armstrong, Cadel Evans, Levi Leipheimer o Carlos Sastre. Y creanme, por mucho que se empeñe el australiano, los segundos tienen las de perder.
Vía y Foto | Cycling News



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