El Real Madrid lleva dos semanas inmerso en un profundo trabajo de desgaste contra los árbitros. Es la escenificación perfecta de un drama (comedia para otros) de la siempre recurrente ‘persecución’ arbitral. Es su particular aporte al cine de serie B.
No faltan los elementos más típicos y tópicos de cualquier película. Está el bueno, el malo, la víctima, el defensor… sólo falta la chica, aunque no se descarte que aparezca en próximas entregas.
Los papeles fundamentales los están interpretando (y menudos papelones) Pedja Mijatovic y Ramón Calderón. El Oscar está cerca. Transmiten, hacen creíble su papel. El primero es el malo (malísimo) que acosa y amenaza a los árbitros. El segundo, aún compartiendo los ideales del primero, hace todo desde la discreción que aporta la hipocresía.
La trama es ya todo un clásico. Con la llegada de la temporada alguien se erige en víctima y acusa de persecución y de una campaña en su contra. Del mismo estilo que la del Balón de Oro e Iker Casillas, pero con los árbitros como víctimas/verdugos necesarios.
Clos Gómez y Álvarez Izquierdo han sido los dos primeros en interpretar ese último papel. ¿Son buenos o malos árbitros? Todo es interpretable. ¿Son antimadridistas? No. ¿Van contra el Madrid? Tampoco.
Que la pataleta provenga del Real Madrid o del Barcelona es una auténtica indecencia. Madrileños y catalanes, a partes iguales, se reparten las ventajas arbitrales de cada temporada. El discurso de Mijatovic es ofensivo, irritante y lo único que puede conseguir es que los árbitros sí que se quemen contra el Madrid y, a su manera, busquen venganza.
Intentar presionar al colectivo arbitral es tratar de lograr una ventaja antideportiva e ilegal. ¿No tiene suficiente el señor Calderón con tragarse la mayor cuota de derechos televisivos? ¿No tiene suficiente con dejar las migajas al resto de equipos de Primera? Probablemente también quiera controlar a los árbitros.
El desenlace está por resolver pero a nadie se le escapa que los malos suelen acabar mal y que las víctimas, por mucho que les conviertan en verdugos, acaban siempre con una sonrisa en los labios.
En NdF | Basta ya de llorar


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