
A pesar de que lo que tenía que hacer es buscarse otra empresa, Alberto Contador ha tragado con la agresiva irrupción del mejor, y a la vez uno de los más egoístas, ciclistas de la última década.
Sin embargo, el mejor ciclista del mundo en la actualidad, paradójicamente, no es el que más beneficios dará el año que viene a Astana. Por eso Johan Bruyneel se frota las manos junto a sus patrocinadores kazajos. El liderato del equipo es otra historia, y a Contador le quedan muchas naves por quemar hasta estar harto. Se equivoca. Una retirada a tiempo no sería un error, ni huir del problema.
Sería lo más inteligente. Las probabilidades de que asistamos a una guerra civil en el equipo son mínimas, tanto como las probabilidades de éxito de Armstrong en el Tour. Sin embargo, comenzar a cuestionar la autoridad de Contador en el próximo Tour, como ha hecho Lance Armstrong, es el primer paso para robársela en carrera.
De momento Lance ya está en Astana, y todo el mundo está encantado, incluido Contador, al que no le ha quedado más remedio después de que papá Johan le dijera que había que conservar la calma.
De todos modos y en realidad, el madrileño lo sigue teniendo muy claro, y declara seguir pendiente de la nueva organización del equipo, porque él tiene muy claros sus objetivos. De momento, ya le han dado la primera en la frente.


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