
Quien algo quiere algo le cuesta (que se lo pregunten al Axel Hervelle en su último episodio de venganza deportiva de un tal Ettore Messina), pero lo que se ha organizado en el pabellón La Casilla de Bilbao ha rozado lo exagerado.
Se trataba de un concurso de bote de forma extensiva, es decir, una entrada para la Copa del Rey para el que más aguantara. ¿Estaban los organizadores inspirados por los recientes carnavales? Los desconocemos. A pesar del infierno (psicológico) de la prueba, el pabellón se llenó en busca de 4 entradas dobles (ya se podían haber estirado un poco más).
Sobre todo porque según comprobamos por muchos testimonios, allí se dieron cita bastantes niños que no tenían edad legal para competir en el sofisticado concurso. ¿Adivinan quién les sustituyó? Evidentemente, sus pobres padres y abuelos: inocentes, creían que iba a ser un domingo tranquilo.
Pues no, porque quien hubiera querido batir al ganador tendría que haber batido la marca de 4 horas y 16 minutos. Perdonen la indiscrección, pero no hay ninguna cosa (salvo dormir) que servidor sea capaz de hacer seguida durante ese tiempo.
Por cierto, que para animar el proceso, los organizadores, entiendo que estaban siendo demasiado amables con su público, complicaban la prueba obligando a los allí presentes a botar a la pata coja, etc.
Lo que sea por una entrada.
Vía | El Correo


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