
Mañana mismo le envío una carta a Ángel Torres, presidente del Getafe, para que tramite mi voluntad de hacerme socio de este club al sur de Madrid que está enamorando temporada a temporada a toda España y parte del extranjero. El resultado de estos cuartos de final no ha sido el esperado, pero para mí, y seguro que para todos los españoles, el Getafe ha sido el gran vencedor de este partido.
Esta entidad deportiva de una población de 160.000 habitantes ha pisoteado a la bestia mayor germana, un Bayern de Múnich que ha escupido sobre la esencia del fútbol al llevarse un botín nada merecido.
Como rezaba el lema publicitario de Antena 3, el Geta es alguien a quien amar. Porque en los tiempos que corren, en los que miramos con envidia hacia la Premier, partidos como los de hoy nos devuelven la ilusión y las ganas de gritarle a Europa entera que sólo aquí la tocamos bien.
Porque son pocas las ocasiones, incluso a aquellos que vemos fútbol hasta en la sopa, en las que un partido y un equipo, como diría un buen amigo, te hacen caer lágrimas como cebolletas. Su esfuerzo, su valentía, su garra; su fútbol en definitiva, es como aquel último verso de un soneto imposible, que lo llena de sentido una vez que lo encuentras.
Por desgracia, y una vez más, el juego insípido y tosco se ha impuesto sobre la fantasía y la alegría personificada. Y para qué mentir si les digo que a pesar de todo, me marcho a la cama con el mismo sabor de boca que me dejaría si me lavara los dientes con un entropajo. A nosotros nos toca llorar, reír a los alemanes, si es que alguna vez lo hacen.
Ya para el Geta, unas palabras de aliento. Porque se están construyendo unos cimientos de algo grande y hermoso, un fútbol que algún día hará llenar diez Coliseums. Que a día de hoy pueden conquistar España en la final de Copa, y seguro que muy pronto podrán hacerlo con Europa. Lo que sí es seguro es que esta noche, el Geta ha conquistado los corazones de millones de españoles y aficionados al fútbol.
Foto | El Mundo


