Pues al final va a tener razón Boluda. El Madrid va a luchar por la liga. El Barcelona, nos lo creamos o no, está en crisis. Empezó siendo algo esporádico, algo a lo que no se le dio mucha importancia después de que el conjunto de Guardiola no hubiera perdido nada más que el primer partido de la temporada.
Pero eso fue fraguando, se fue solidificando y ahora la palabra crisis, esa a la que se había tratado de esquivar cuando llegó el empate ante el Betis, la derrota ante el Espanyol y las tablas en Europa ante el Lyon es una realidad. Tanto que ahora se puede hablar de crisis con todas las de la ley. Y en mayúsculas.
Quizá sea la ausencia de Iniesta; quizá la acumulación de partidos; quizá el esfuerzo completado en la primera fase de la liga…. Sea lo que fuera, lo cierto es que el Barcelona se descompone a pasos agigantados. Y parece que nadie sabe qué hacer para remediarlo. Además, por si eso fuera poco, el Madrid, erre que erre, gana y gana. Que el fútbol es un estado de ánimo es evidente en ambos casos y los blancos lo demostraron ante el Espanyol (0-2).
Hablar de crisis ya no es baladí porque el Barcelona, pese a que cuenta aún con cuatro puntos de ventaja, tiene las constantes vitales de un enfermo terminal. Todo lo que nos maravilló hace unas semanas ha desaparecido. La racha de resultados negativos sería simplemente una casualidad, un revés del azar, una mala pesadilla, si el juego fuera el mismo. Pero la realidad dice que el Barcelona hace méritos suficientes para dejar de sumar.
La derrota ante el Atlético de Madrid, un equipo pusilánime tan endeble o más que el actual Barcelona, refleja que algo sucede en Can Barça. Los blaugranas sólo estuvieron vivos gracias a aciertos individuales. El juego colectivo ha desaparecidojugada personal de Messi sirven para desatar la euforia> antes de que Agüero y compañía te bajen los humos.
Sin centro del campo, con Alvés subiendo mucho y bajando poco, con Xavi desaparecido, con Gudjohnsen desaprovechando ocasiones claras…. Con todo eso el Barcelona trató de gana a un Atlético de Madrid tocado por las merecidas críticas recibidas. Poco más pusieron los colchoneros sobre el césped que corazón. Eso, junto a un desastroso Valdés que volvió a estar desafortunado, el Vicente Calderón se convirtió en el anfiteatro ideal para que la crisis, ahora sí, saltara a escena.


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