
Era lógico que viéramos un tipo así golpear con fuerza las puertas del Real Madrid en tiempos de crisis. Sin grandes fichajes ni proyectos ilusionantes, los canteranos de toda la vida toman fuerza y aquellos que tienen calidad y que han nacido para triunfar aprovechan su gran oportunidad. No es que Rubén de la Red no haya tenido, precisamente, oportunidades.
Pero aquellas no parecían llegar en su mejor momento, pero tras su paso y consecuente crecimiento como futbolista en Getafe y su papel (para nada únicamente presencial) en la Selección Española campeona de Europa, a De la Red le han llegado tiempos dulces en la que ha sido su casa de siempre.
Y el Real Madrid bien puede frotarse las manos ante tal aparición divina. Van der Vaart no convence, Guti parece haber arrancado la temporada más bien gris, y con Sneijder todavía cojo; los de Bernd Schuster deberán ver al joven madrileño como apuesta segura en la creación de este Madrid que continúa sin mostrar un estilo propio.
Y no es que ahora con De la Red todo vaya a cambiar. Hay que aplaudir al técnico alemán, eso sí, por confiar en el canterano. Pero necesita su adaptación, autoconvencerse de que puede llevar galones de organizador y lanzarse al tapete con la misma capacidad de liderazgo con la que salía con la camiseta azulona la pasada temporada.
Rubén ha demostrado ser un tío polivalente, trabajador innato y gran compañero dentro y fuera de los terrenos de juego. Que no le tape la progresión la presencia de Raúl en el campo, porque a la larga el capitán sabrá que su sitio deberá ser cedido a otro.
Y no hablo de la posición de delantero, hablo de ese peso que el 7 carga en sus espaldas desde hace muchos años y que comparte hace pocas temporadas, y en menor medida, con Casillas. Se llama madera de capitán, y de eso, De la Red, tiene mucho. Al tiempo.


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