
Sin pena ni gloria, la Selección Española de Balonmano consiguió su pase para los Juegos Olímpicos de Pekín. Bueno, rectifico: con más pena que gloria. Porque los de Juan Carlos Pastor sufrieron demasiado ante sus rivales en el Preolímpico de París para ser uno de los combinados que luchen por el oro en el país oriental.
Y para mí, una de los puntos débiles de esta selección está bajo los palos. José Javier Hombrados sigue sin estar a la altura de una competición internacional, mientras que David Barrufet sigue con su recuperación tras una lesión que le ha dejado apartado de la cancha mucho tiempo.
Porque en el ataque, España es una selección con bastantes garantías. Tenemos hombres con profundidad, rapidez, soltura y gol arriba; la defensa en ocasiones se hace añicos, y en el último obstáculo del rival antes de anotar, la roja flaquea. Ya he comentado en alguna ocasión la poca confianza que me inspira Joseja, aunque sigue sin ser nada personal.
Creo que lo que ocurre, a mí y a muchos, es que David Barrufet nos tenía demasiado bien acostumbrados. Ha sido la figura emblemática de la Selección durante muchos años. Demasiadas intervenciones suyas han permitido al combinado de balonmano alzarse con los éxitos que en la última década.
Pero el portero catalán no tiene una batería permanente, por desgracia. A Barrufet se le pasa el arroz, y hay que buscar un sustituto con garantías. Pastor ha optado, en la última lista confeccionada para la clasificación del Mundial de Croacia 200, con dejar a Hombrados fuera y traer a José Manuel Sierra, también presente en el Europeo de Noruega.
Y a la vuelta de la esquina, los Juegos. Los novenos para la selección de balonmano, un torneo donde sólo hemos podido alcanzar el bronce (Atlanta ‘96 y Sydney ‘00). Ya toca adquirir otro metal para uno de los mejores combinados de este deporte. Los guantes de Barrufet nos vendrían de perlas.


