El Calderón se ha convertido en poco más de tres días en el epicentro de un tsunami cuyas consecuencias, de momento, desconocemos. Lo único que se sabe es que la herida abierta entre el equipo (responsables técnicos y directivos) y afición es cada vez más ancha, más profunda y, sobre todo, tiene peor pinta. El Racing de Santander primero y el vergonzoso empate ante el APOEL en casa duelen mucho.
El estreno en Champions, ante un equipo menor, se perfilaba como el mejor aliado para que la calma llegara a las gradas. Pero lejos de eso, el partido ha acabado dando la razón a todos aquellos que piensan que García Pitarch no está capacitado para ser director deportivo. Ejemplos no faltan.
Y en ese escenario de división el gran beneficiado fue un APOEL que, con lo mínimo, consiguió mantener en el dique seco a una de las delanteras más deseadas de Europa. Un empate que, a la larga, podría pasar factura al Atlético de Madrid en esta fase de grupos en la que desde Londres aplauden cada dislate rojiblanco. El rival se empieza a autodestruir, pensarán los de Abramovich.
En una primera parte que pasará a los anales de la historia del fútbol chipriota, el Atlético se empeño en honrar al APOEL. Como si le debieran algo, los colchoneros le abrieron el camino al área y sólo Asenjo (ingrato él, pensarán en Chipre) evitó que el Calderón se vaciara antes del descanso. Para olvidar.
Si quiso el Atlético tras el descanso que, consciente de que su hazaña se vería en toda Europa, pujó con seriedad (algo más, al menos) por la victoria. Así, sólo faltó la suerte. Quizá es porque el Atlético no la merecía después de divagar durante una hora sobre el terreno de juego. Un palo a tiempo que, eso sí, deberá servir para enderezar el rumbo.
Foto | UEFA
En NdF | Un Atlético de secano



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