Hay éxitos que, como hace unos días comentábamos hablando de natación, pasan desapercibidos. Algo así, a grandes rasgos, es lo que ha sucedido con la selección española de balonmano femenino. Han tenido la ‘mala suerte’ de hacer coincidir el mejor momento de su historia con un fin de semana monopolizado (como casi todos) por el fútbol y el clásico del Camp Nou.
Pero se merecen no una ni dos páginas. Se merecen tantas y tantos titulares como pasos de gigantes han dado en los últimos diez años. De sufrir lo indecible para lograr un puesto en la fase final de un Europeo han pasado a disputar una final ante la todopoderosa Noruega. El oro era (y a la postre fue) casi imposible. La medalla de plata lograda en Skopje (Macedonia) vale su peso en oro.
Si tiramos de hemeroteca y vemos la evolución de las chicas en los últimos europeos, el éxito adquiere tintes de epopeya. En 1998 España fue el farolillo rojo del torneo después de perder todos los partidos y arañar un único empate ante Rusia. El resultado fue positivo después de no haber estado en las dos anteriores citas (1996 y 1994).
Tras perderse de nuevo la cita del año 2000, el balonmano español se hizo un hueco en las fases finales dos años después (gracias al cambio del sistema de competición) para no perderse ninguna de las cuatro siguientes. En 2002 se conformó con los empates ante Noruega y Rusia y en 2004 y 2006 alcanzó la segunda fase.
Pero el año 2008, el año del deporte español, ellas también quisieron inscribir su nombre con letras de oro en todos los resúmenes deportivos del curso. Y lo hicieron rozando la perfección. Sólo Dinamarca, en la segunda fase, y Noruega, en la final, han podido hacer frente a un grupo que ejemplificó su progresión deportiva con una plata inimaginable hace apenas unos meses.
El oro fue para Noruega. Y lo fue pese a que España le plantó cara desde el primer minuto. Pero Noruega juega en otro nivel. Supo aprovechar las mínimas concesiones de las españolas para abrir hueco en el marcador y ni el excelente partido de Bego Fernández, elegida como mejor pivote del Europeo, fue suficiente para hacer saltar la banca. Daba igual. La plata sabe a oro.
Foto | Balonmano femenino


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