El Barcelona ha salvado su primera bola de partido en el Mundial de Clubes. Eso sí, lo ha hecho con más sufrimiento de lo esperado. Un peleón Atlante ha exigido algo más que un ritmo pachangero a los de Guardiola. El gol de los de Cancún a los cinco minutos de juego desplegó las primeras dudas de los culés y más de uno comenzó a buscar excusas en el jet lag, la menor adaptación blaugrana o el calor.
De nada valían. Por mil excusas que hubiera, perder ante un rival infinitamente menor era el mayor de los fracasos. Pero el fracaso, para disgusto de más de más de uno, no se consumó. El Barcelona no jugó, ni de lejos, el mejor de sus partidos, pero le sobran argumentos para rodar sobre buena parte de los equipos mundiales jugando al ralentí.
Esos argumentos fueron suficientes para clasificarse para la final de la única competición que aún no descansa en las vitrinas del Camp Nou. Media hora de sufrimiento y apatía fueron suficientes para que el Barcelona comenzara a reaccionar. Poco a poco, aunque con algún susto que otro por las contras de los mexicanos, los catalanes comenzaron a despertar y, con más problemas que habitualmente, acercarse al área rival.
A balón parado, en un córner botado por Xavi y peinado por Touré, Sergio Busquets logró equilibrar el marcador. El Barcelona había despertado…
La vuelta del marcador esperó a que Leo Messi entrara en el terreno de juego. Tres toques fueron suficientes para que el mejor jugador del mundo marcara el 1-2 ante el delirio de una grada repleta de banderas, camisetas y bufandas culés. Abu Dabhi es culé, muy culé.
La sentencia llegó con otro de los protagonistas de esta competición. Pedrito, o Don Pedro, según se mire, logró marcar en la sexta competición y se reservó un hueco en la historia del Fútbol Club Barcelona y del fútbol mundial. El Estudiantes aguarda en la final.
Foto | FIFA



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