Si de algo sirvió el partido de ida de la Supercopa de España de San Mamés fue para calmar a la hinchada rojiblanca y para confirmar que el Barcelona es, de momento, inmune al efecto Florentino. En Bilbao, muy pendientes de la próxima eliminatoria de la Liga Europa, respiran tranquilos después de comprobar que su Athletic es capaz de plantar cara, y de qué manera, al Barcelona.
Y si tranquilos están en Bilbao, más aún lo están en Can Barça. Más del cincuenta por ciento del título está ya en las vitrinas culés. Y todo recuperando la gran imagen exhibida durante gran parte del curso anterior con cuatro bajas que, a más de un equipo, le obligarían a modificar su argumentario.
Pero Guardiola no lo hizo y en San Mamés se volvió a ver a un Barcelona pletórico. Quizá no tan brillante como en sus mejores momentos del curso pasado, pero no es la pretemporada el mejor momento para hacer alardes. Fiel a su estilo, el Barça hizo de San Mamés el escenario perfecto para demostrar que no hacen falta nombres rimbombantes para hacer magia con el balón en los pies.
Un primer tiempo estupendo en el que sólo faltó el gol. Al menos el del Barça por que el Athletic logró el suyo. De Marcos, otra de esas piedras en proceso de pulido que acumula la cantera vizcaína, hizo sus sueños realidad y tras intentar una vaselina reservada para los más grandes, batió a Valdés en connivencia con Puyol.
La segunda parte el Barça sufrió. No esperaba, ni merecía, el golpe encajado en la primera, pero la falta de acierto del Athletic le hizo crecerse. Y cuando el Barça se crece, ni el equipo más rocoso es capaz de frenarle. Mucho menos si entre ellos está Xavi. Dicho y hecho, el propio Xavi y Pedro dieron la vuelta al marcador, hicieron justicia y acercaron el primer título (o el cuarto, según se mire) a las vitrinas del Camp Nou.
Foto | El Mundo


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