El Barça volvió tarde de vacaciones, pero volvió. Probablemente el Mallorca ha sido el equipo que más le ha exigido al equipo de Guardiola durante la presente temporada. Pese a todo, la resaca navideña se quedó en un amago que ralentizó más de un corazón en la grada del Camp Nou.
Y es que pocos confiaban que el equipo de Gregorio Manzano sorprendiera a los culés con un arranque inicial muy intenso que, junto a algún que otro fallo defensivo, permitió que Aduriz obligara al Barça a redoblar esfuerzos.
Pero el Mallorca no lo puso fácil. Se mantuvo firme y relativamente cómodo ante un Barça más desacertado y espeso de lo habitual. Quizá fuera el exceso de turrón, pero lo cierto es que los blaugranas no hilaron fino durante buena parte del choque.
Hubo que esperar a una jugada a balón parado para que el renacido Henry (quien lo diría!!!) firmara las tablas y comenzara la particular remontada de los culés. La Navidad había acabado ya para los de Guardiola que comenzaron a mostrar un fútbol más fluido y vertical que hasta el momento.
De la mano de Iniesta, que regresó al cesped tras recuperarse de su lesión, llegó la remontada. Su gol, en una jugada reclamada, y con motivos, por los jugadores del Mallorca, el manchego demostró que cuando él está sobre el césped, cualquier cosa es posible.
La fiesta la cerró Touré Yayá que demostró que incluso cuando no quiere, el Barça gana.


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