Superado el bache de fútbol y goles, el Barça se empeña en seguir a lo suyo, ajeno a todo lo que sucede por detrás. Ajeno a la presión que se quiere trasladar desde Madrid; ajeno a la dura eliminatoria de Champions; ajeno a las comparaciones con el Dream Team…. Ajeno a todo menos a una cosa: a seguir deleitando a una grada que paga gustosamente (al menos este año) su abono o entradas.
Este fin de semana la víctima fue el Málaga. Llegaron los andaluces al Camp Nou pensando en Champions y se llevaron media docena. Así, por la vía rápida, como el que no quiere lastimar al rival, como el que hace las cosas por rutina. Pim, pam, gol y vuelta a empezar. Así, hasta seis. Y pudieron ser más.
Hoy por hoy, parece que nadie le puede hacer frente al Barcelona cuando está inspirado. Olvidado está aquel Barça de otros años que se ponía enseguida nervioso y que no transmitía la seguridad que, por ejemplo, siempre acompaña al Madrid. ¿Será el canguele? Tardó en romper la meta del Málaga, pero era cuestión de tiempo. Nadie dudaba que la victoria se quedaría en casa. Nadie dudaba que la goleada acabaría gestándose.
Quizá en el Bernabéu tampoco nadie dudaba que la victoria se quedaría en La Castellana. No disfrutaron lo mismo. Bueno, no disfrutaron nada. El Madrid sigue siendo un equipo tremendamente efectivo. Algo así como el pim, pam, gol de antes, pero con menos lustre. Nada de letra fina. Muchos borrones pero aprobado.

Poco más puede hacer Juande Ramos con lo que tiene. Y menos a estas alturas. Él llegó para apagar un fuego, pero con una manguera carente de presión. Ha sabido darle altura al agua y cae sobre las ascuas. Huntelaar ha conseguido hacer olvidar a Van Nistelrooy. Sus dos goles le confirman como un buen fichaje y le erigen en una de las piezas claves de Juande. De nada servir’a si el Barcelona no falla…
Del resto de la jornada destaca el apagón del Atlético de Madrid. Tras el éxito ante Sevilla, Barça, Madrid y Villarreal, ha llegado el bajón. Abel sigue sin dar con la pieza clave, pero algo falla en ese vestuario. El Mallorca, en posición agónica, vapuleó a un Atleti que se queda demasiado lejos de la Champions.
Foto | UEFA


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