El fútbol amenaza con ser tremendamente cruel con el Barça. O quizá es el Barça el que amenaza con ser tremendamente cruel con su aficionado. Sea quien sea el culpable, lo cierto es que la cosa no pinta bien en la Champions (en la Liga el clásico puede decidir sólo a favor de los culés) y todo tuvo un principio: la doble parada de Víctor Valdés ante Drogba.
Fue entonces cuando el Barça, como si de un castillo de naipes se tratara, comenzó a tambalearse. Hasta ese momento el partido había sido exclusivamente blaugrana. Dominio total, sin ocasiones de peligro, posesión abrumadora, incomparecencia del Chelsea… Sólo faltaron las ocasiones de gol. Y es que al Barça, con Messi perfectamente anulado, no supo encontrar el camino del gol.
Las paradas de Valdés hicieron ver al Barça que podía caer derrotado. Y se contrajo. Poco a poco se fue encogiendo hasta diluirse en una segunda parte en la que el cansancio, por primera vez en la temporada, comenzó a notarse exageradamente. La factura del intenso choque ante el Valencia, apareció. La tragedia, además, fue la lesión de Rafa Marquez y la amarilla que acarrea suspensión para Puyol. Más problemas.
Había dicho Guardiola hace unas semanas que los siete últimos días decidirían buena parte de la temporada. No le ha faltado razón. El empate de Valencia y la goleada del Madrid han animado la liga que, de momento, sigue teñida de azulgrana. El clásico, pese a los que muchos insisten, sólo puede decidir la liga a favor del Barça; en Champions volverá a ser Stamford Bridge donde el Barça se jugará la final; y la Copa del Rey está a la vuelta de la esquina y al 50 por ciento.
Foto | UEFA
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