Es triste que cada vez que el ciclismo adquiere trascendencia en los medios de comunicación sea por un caso de dopaje. Los tramposos, aunque pocos, parecen ser legión ya que, finalizadas las tres grandes, son ellos, son sus trampas las que acaparan los titulares.
El último caso ha sido el del austriaco Bernard Kohl (Gerolsteiner). No por esperado, su nombre estaba en la lista negra de las autoridades galas por los extraños resultados de sus análisis, es menos doloroso para un deporte que se ve incapaz de frenar la hemorragia.
El resultado de los análisis han desvelado un positivo por la última generación de EPO, CERA, y es el tercero de la última ronda gala tras los del alemán Stefan Schumacher, también del Gerolsteiner y compañero de habitación de Kohl (curiosa circunstancia), y el italiano Leonardo Piepoli, del Saunier Duval.
La noticia es un doble revés para el ciclismo y un punto a favor de los controles antidopaje. Es doble porque además de demostrar que estamos muy lejos de frenar esta epidemia, se rompen las esperanzas depositadas en quien se perfilaba como una nueva estrella.
Su coronación en París como el mejor escalador de la ronda y su presencia en el podio final junto a Evans y Sastre hacía prever un futuro de oro para el ciclismo belga. Pero el suyo fue un maillot sucio que ahora, si se confirma el resultado en el contraanálisis, deberá devolver.
Su destinatario será Carlos Sastre con lo que el mejor año del ciclismo nacional de los últimos tiempos será aún más brillante.
Foto | Daylife


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