El Arsenal le volvió a dar un disgusto al Villarreal. El partido de ida de los cuartos de final de la Liga de Campeones disputado en El Madrigal se cerró con unas tablas (1-1) que hipotecaron, y de qué manera, el futuro del submarino en la competición. ¿Quién fue el culpable? Pues quizá hay que mirar al banquillo y preguntarle a Pellegrini sobre el cambio de Cani. Más bien porqué eligió a Mati Fernández y no a Pires.
Ese pudo ser el gran error del técnico amarillo. Hasta el descanso y como se esperaba, el partido se rompió varias veces. Primero a favor de los amarillos, luego dominó el Arsenal, recuperaron el mando los castellonenses…. Un ir y venir constante que, ofreció grandes minutos de fútbol y en los que el Villarreal tocó el cielo tras el gol (golazo) de Senna.
El hispano-brasileño volvió a demostrar que es uno de los más grandes del fútbol español. Como el que le da una patada a una lata en la calle, envió un misil de largo alcance a Almunia (que acabó lesionado) que nada pudo hacer.
Ese gol, pese a hacer justicia a las propuestas de unos y otros, no le vino bien al Villarreal; o le vino muy bien al Arsenal. Los de Wenger se crecieron, el Villarreal reculó un poco y llegaron los primeros avisos de lo que podía hacer el Arsenal. Nada serio, pero lo justo como para que los de Pellegrini estuvieran muy incómodos sobre el césped, desubicados, fuera de sitio.
Tras el paso por el vestuario llegó el punto de inflexión. Cani, lesionado, tuvo que ser sustituido. La elección quizá fue incorrecta. Su presencia sobre el césped había conseguido descafeinar al centro del campo londinense. Tanto que hasta Fábregas estuvo más que discreto durante el primer acto.
La entrada de Mati, lejos de ayudar, empeoró la situación. Se recuperó el Arsenal y entonces sí, tocó sufrir. Hasta que de las botas de Fábregas nació un pase al interior del área del que Adebayor se inventó un gol (golazo).
Esas tablas se convirtieron en definitivas, pero el Villarreal supo reaccionar (y Pellegrini también), con la entrada de Pires, que permitió recuperar el balón y crear en la parcela ofensiva. Pero no hubo tiempo para más y la duda siempre quedará en el aire: ¿qué hubiera pasado si Pellegrini hubiera acertado con el cambio?


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