
Carlos Sastre excusaba hace unos días su hundimiento en la general diciendo que estaba siendo un Giro de Italia especialmente duro. El mismo líder de la carrera, Alexander Vinokourov, le daba la razón el mismo sábado, tras la séptima etapa con final en Civitella: “Tan duro como Roubaix”.
Sí, es cierto, sin embargo, la Paris-Roubaix es una carrera de un día. Los corredores suelen elegir si van o no. La organización del Giro parece que ha perdido la cabeza, creyendo que el profesional puede tragarse todo lo que le echen encima. Esta vez, barro, mucho barro, por carreteras sin asfaltar por el territorio de la Montespachi Eroica, otra clásica: falta de profesionalismo.
El líder de la carrera, Vincenzo Nibali, se caía antes de iniciar el endemoniado camino de cabras. La ausencia de asfalto terminó de estropear la etapa. Y es que, en una carrera de tres semanas, es complicado rechazar un bombón tan sugerente. ¿Quién iba a adivinar que llovería?
Aquí los corredores están más en manos de los organizadores. Los que ya habían corrido la Eroica sabían más o menos qué ocurriría. Lo cierto es que se me hace cada vez más difícil entender algunos comportamientos de aquellos que deciden las rutas. Por una parte se pretende disminuir la dureza para luchar contra el dopaje, y al mismo tiempo, encontramos este tipo de sorpresas, similares al Plan de Corones.
Lo dicho, denota un desconocimiento total del profesionalismo en el mundo del ciclismo. Una broma de mal gusto para el ciclista.
Fotos de la etapa | Steep Hill
Montespachi Eroica | Wikipedia



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