Durante los partidos previos a la Copa del Mundo numerosas voces “importantes” se quejaron del nuevo balón que Adidas había traído para ser el actor secundario del que al final de cuentas era el principal protagonista, el fútbol. Sin embargo el Jabulani ha terminado tomando mayor repercusión de la que cualquiera de nosotros, e incluso la misma marca deportiva, habría deseado.
Las criticas se seguían sucediendo por parte de jugadores y técnicos, convirtiéndose poco a poco en el tema de conversación de cualquier rueda de prensa. Y es que a mi parecer, casi nadie ha conseguido domar esa “bala perdida” llamada Jabulani. Bueno, los japoneses quizás sí, ya que han sido los únicos que han conseguido clavar dos goles de falta en un solo partido. También hay que decir que los nipones conocían mucho más la pelota ya que llevaban meses disputando el campeonato con él.
A tanto ha llegado el mosqueo con el balón que la NASA, que parece que últimamente tienen dinero para estudiar cualquier chorrada, ha investigado las propiedades aerodinámicas del Jabulani. Su poco peso, 440 gramos, ha llevado a los expertos a determinar que el balón sigue un comportamiento impredecible y errático cuando supera los 72 Km/h.
Sin entrar mucho en conceptos físicos, se ha asemejado su trayectoria al llamado efecto Knuckle, nudillo, que corresponde a un comportamiento producido al golpearse violentamente y que hace que la dirección varíe de forma aleatoria después de ser chutado. Lo que mis amigos y yo hemos terminado de denominar “balón de playa”.



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