
Y qué sueños. Ni el más optimista podria augurar un final de Supercopa así. Porque, aunque no es la primera vez que se ve esta obra en el Santiago Bernabéu, el Real Madrid ha escrito un guión digno de un Oscar. Los protagonistas han sido los mismos que hace una y dos temporadas, la presentación, el nudo y el desenlace, brillantes. De supercampeones.
El protagonista de la obra ha hecho lo que se esperaba. Se ha llevado a la “chica” mientras el antagonista, el Valencia, se ha quedado perplejo tras su primer ataque, sin poder de reacción ante los superpoderes del Madrid. Aunque, como en cada cuento e historia, hasta el final feliz ha habido capítulos complicados, casi todos protagonizados por el más malo de la trama: Iturralde González.
Las expulsiones de Van der Vaart y Van Nistelrooy, muy cuestionables, han sido las mejores noticias para el equipo blanco. De ahí ha salido el espíritu guerrero, la garra y el coraje; y el Madrid ha aparecido como un obús sobre el tapete, tal como si estuviera tocado por un ángel.
Este Madrid no juega, se deja llevar. Planea sobre un espíritu de confianza extrema, tanto que con inferioridad en el marcador y en el campo, la sensación que todavía dejaban los de Bernd Schuster era el de que la remontada era posible.
Y así ha sido. Como en cualquier cuento ha ganado el que se esperaba, el bueno, o el que mejor ha sabido jugar sus cartas. Lecturas tácticas a parte, lo que está claro es que el Santiago Bernabéu se ha convertido en el nuevo Broadway. Un Teatro de los Sueños donde todo es posible.
Foto | El País


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