Hubo un tiempo en el que el buen aficionado del Real Madrid se sabía la alineación de su equipo de memoria. Quizá muchos recuerden a partir de hoy la alineación de la vergüenza: Dudek, Arbeloa, Albiol, Metzelder, Drenthe, Diarra, Guti, Granero, Van der Vaart, Raúl, Benzema, Gago, Marcelo y Van Nistelrooy. Ellos, con Manuel Pellegrini en el banquillo fueron los encargado de hacer realidad el sueño de otro grupo de jugadores, los del Alcorcón que ejerciendo de futbolistas (algo que los de Madrid no hicieron) golearon y humillaron al proyecto más faraónico de la historia del fútbol. El 4-0 encajado en el estreno de la Copa del Rey por el Madrid es, desde luego, algo histórico.
Quizá por eso Juanma; Rubén Sanz, Iñigo López, Borja Gómez, Nagore; Rubén Sanz; Ernesto Gómez, Sergio Mora, Fernando Bejar; Diego Cascó y Borja Pérez se conviertan en poco tiempo en una cantinela que todo buen aficionado del Alcorcón recuerde durante toda su vida. Ellos fueron los culpables de… Habrá que esperar las consecuencias.
Fútbol el fútbol; el fútbol es así; no hay rival pequeño… Cualquiera de estas frases puede convertirse en una buena excusa cuando un jugador del Madrid tenga que responder a las preguntas de algún que otro futbolista. No le faltará razón, el problema quizá en que tendrían que haber interiorizado antes esas frases.
Por mucho que me esfuerce, después de ver el partido y después de echar una rápida ojeada a las webs de los principales periódicos, no encuentro una razón en la que el Real Madrid pueda justificar semejante humillación. Porque si lo del Milán o lo del Sporting es doloroso, lo del Alcorcón puede ser calificado de mil maneras. El Diario As, el más blanco de todos los periódicos, no se corta: es una de las páginas más infames en la historia del mejor club del Siglo XX.
Muchos comenzarán a hacer comparaciones con el Madrid de los galácticos, dirán que si segundas partes nunca fueron buenas, que si ellos ya lo habían avisado. Mentira. Nadie podía presuponer semejante batacazo. ¿Qué le falta al Real Madrid? Personalmente creo que es más cuestión de cabeza que, desde luego, de físico. Eso y quizá un equipo no demasiado trabajado, demasiado dejado a la improvisación personal, esa que es capaz de salvarte durante muchos partidos pero que cuando se conjuga con un rival extremadamente motivado, alguna baja y alguna que otra duda, hace que un equipo medio de Segunda B se cargue el Imperio blanco.
Foto | El Mundo



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