
Esta bicicleta, cuyo presupuesto no habrá sido ni mucho menos desmesurado, conmemora, no la carrera ciclista de Lance Armstrong, sino la última caída que sufrió el corredor en la pasada Vuelta a Castilla y León, que le costó una rotura de clavícula.
Como gracia cumple con su propósito, pero como detalle hacia el ciclismo de la zona, deja mucho que desear. Sobre todo para esos ciclistas, juniors, amateurs y aficionados en general, que han probado el suelo tantas veces por las malas condiciones de la carretera, y hubieran agradecido que esa mínima energía se hubiera dedicado a algo mucho más necesario.
A pesar de que Castilla y León suele cumplir con creces a la hora de preservar sus carreteras (les animo a que se fijen, la próxima vez que salgan o entren a la Comunidad de Madrid, como casi siempre el firme castellano leonés deja en muy mal lugar al madrileño), siempre queda trabajo por hacer en este sentido.
Esto se siente especialmente en las competiciones de categorías inferiores, y en la organización de las mismas. Insisto, no se trata de criticar, tanto como reflexionar que todo, y más en esta franja tan desconocida e importante de la vida de los ciclistas, se puede mejorar.
Que el monumento lo hagan en Tejas.


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