El Atlético de Madrid tiene un pie y medio en la fase de grupos de la Champions. El 2-3 conquistado en el partido de ida en tierras griegas ante el Panathinaikos es aval más que suficiente para que los de Abel Resino cumplan con la primera obligación del curso: clasificarse para la máxima competición europea.
Roto el maleficio de tierras griegas, en donde el Atlético no había ganado hasta la pasada semana, ahora todo parece más sencillo. La afición colchonera tendrá la oportunidad de comprobar las evoluciones de su equipo en uno de los momentos claves de la temporada.
Y es que, pese a que la competición doméstica aún no ha comenzado, el Atleti ya ha disputado su primera final. Una final en la que tenía poco que ganar y mucho que perder. Clasificarse para la Champions no era (sigue siendo, hasta que se juegue el partido) sino una obligación para los de Resino. Solo el mayor de los fracasos dejaría fuera a los del Manzanares.
Todo lo que sea no entrar en la fase de grupos permitirá a la afición y a los medios de comunicación de desastre y fracaso. Más aún cuando la victoria del partido de ida concede el 90 por ciento de las opciones a los madrileños. Hace bien el Kun Agüero en decir que no tienen nada hecho. Sirve para insuflar la presión y tensión necesaria a sus compañeros para conseguir que al césped vuelvan a salir a morder. Sólo así se consigue ser un equipo grande.
Foto | UEFA


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