Repite Schuster una y otra vez que no ve ningún bache. Quizá sea el mejor ejemplo del refrán que asegura que antes se ve la paja en el ojo ajeno que la viga en el propio. Y es que el Real Madrid tiene un problema.
Muchas veces es mejor asumirlo rápidamente y comenzar a trabajar en busca de soluciones. De analgésico sirve, de momento, la buena situación clasificatoria en Liga y, forzando un poco, sus resultados en Champions, discretos, pero esperanzadores.
Que la eliminación ante el Real Unión, un equipo de Segunda división B, podría tener consecuencias, era obvio. Que fueran tan drásticas, quizá pocos lo esperaban. El caso es que Schuster tiene fecha de caducidad. El próximo domingo.
La época del alemán al frente del equipo blanco podría llegar a su fin si ante el Valladolid pincha en hueso. Todo lo que no sea una victoria ante los pucelanos colocará a Schuster en el disparadero y a Miguel Ángel Portugal en el banquillo blanco.
Ese ultimátum permite hablar abiertamente de crisis. Una palabra que todo el mundo trata de evitar y que les acaba engullendo. Da igual el ámbito en que se aplique. Su negación suele tener castigo por falta de previsión.
El Madrid puede tener excusas. Se puede escudar en las lesiones o en los árbitros, pero ante un Segunda B, sin restar méritos a los irundarras (que los tienen todos), no vale ninguna coartada. El Bernabéu empieza a estar cansado de tener que aplaudir al rival. No paga por eso. Paga por disfrutar con su equipo que, este año, les está haciendo sufrir más de lo esperado.
En NdF | Crisis, crisis, crisis
El Real Madrid sin Copa del Rey, otra vez
Foto | Liga Fútbol



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