Comienza la temporada 2009/2010 y vuelve a hacerlo como la ha hecho durante buena parte de su historia, con dos únicos candidatos: el Barcelona y el Real Madrid, en ese orden. Por algo entre catalanes y madrileños suman ya 50 de los 78 títulos disputados. Desde el curso 2003/2004, cuando el título viajó a Valencia , nadie ha sido capaz de arrebatarles un ápice de protagonismo. Y este año se antoja mucho más complicado. Aunque Del Bosque crea lo contrario.
El ‘tritranquilo’ verano culé que diría Laporta, no lo ha sido tanto. Las dificultades para fichar de los catalanes (todos secundarios salvo Ibrahimovic) junto a la galaxia entregada por Florentino Pérez a Manuel Pellegrini, hace que más de uno comience a pensar que habrá que sufrir más que el curso pasado para, al menos, llevarse la Liga.
Blaugranas y merengues acumulan medio centenar de futbolistas que para sí quisieran buena parte de los grandes europeos. Pero hay una diferencia sustancial: el Barcelona sabe a qué juega, cómo juega, con quien juega y qué hay que hacer en cada momento. En el Madrid esa lección está por demostrar y los fogueos ante equipos vulgares como el Rosenborg en el trofeo Bernabéu no son sino dulces regalados a la afición.
Más allá de lo que tienen unos y otros, pocos –por no decir nadie- será capaz de hacerles sombra. Ni Atlético de Madrid, ni Sevilla, ni Valencia, ni Villarreal…. Hoy por hoy no hay ningún equipo con capacidad de respuesta no ya al Barcelona, sino al Real Madrid, un escalón por debajo (sólo el tiempo y el transcurrir de la Liga podrá hacer cambiar esta realidad) de los de Guardiola. Se tendrán que conformar con ser terceros. Eso, ante, probablemente, el mejor equipo y la mejor plantilla de Europa es todo un triunfo.
Esa diferencia entre los dos ‘señores’ de la Liga y el resto de invitados es, básicamente, económica. ¿Quién puede gastarse 96 millones en un jugador? Pues solamente alguien que sabe que es la única opción de ilusionar a la gente. ¿Quién puede fichar a Ibrahimovic y despedir a Eto’o? Pues alguien que sabe que un cambio de fichas no solo no alterará el producto, sino que, probablemente lo mejore.
Volverá a verse a un Barcelona jugón y juguetón, con su fútbol agradable y su demostración de cantera. Justo lo contrario que un Real Madrid plagado de grandes nombres y con calidad suficiente como para, independientemente del juego, dominar a cualquier rival. Con tanta pólvora en la recámara, el Barça no podrá tener una pájara como la del año pasado. Este Madrid, por calidad y por hambre, no va a conceder tregua.


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