Diez años después de conquistar su última Copa Federación, el tenis femenino nacional buscará este fin de semana en el Club de Campo de Madrid el que sería su sexto cetro mundial. El problema es el rival. Enfrente estarán las rusas capitaneadas por Shamil Tarpischev, que en los últimos cuatro años se han alzado en tres ocasiones con el título.
Más allá de un título, lo que tratará de conseguir el tenis español es una nueva generación de estrellas. Demasiado lejos queda el título de Conchita Martínez y Arantxa Sánchez Vicario en Ginebra y pocos son los que recuerdan la última final, en 2002, cuando Eslovaquia puso el punto y final a las expectativas de la aragonesa y la catalana cuando sus carreras daban sus últimos coletazos.
El futuro del tenis femenino pasa, hoy por hoy, por Anabel Medina, Nuria Llagostera, Carla Suárez y la veterana Virginia Ruano. No vive su mejor momento. Con sólo dos españolas entre las cincuenta mejores del mundo, el salto generacional ha sido más abrupto de lo esperado. El tenis de los países del este –con permiso de las hermanas Williams- es, hoy por hoy, el ejemplo a seguir y suyos son los primeros puestos del ranking.
Frente a dos ‘top ten’ (Svetlana Kuznetsova y Vera Zvonareva) y dos proyectos de número uno (Elena Vesnina y Ekaterina Makarova), buena parte de las opciones españolas podrían pasar por el partido de dobles. Es ahí donde el tándem Medina y Ruano, entre las cinco mejores parejas del mundo, podría comenzar a aclarar el futuro del tenis femenino nacional.
De los precedentes, mejor ni hablar. Si pocas son las referencias de enfrentamientos entre españolas y rusas, menos aún son el número de victorias. Cinco partidos y cuatro derrotas, la última en primera ronda de la edición anterior. El 5-0 fue un castigo excesivo del que pretenden tomarse la debida revancha.


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