La única obligación del Villarreal era marcar un gol en el Emirates Stadium, pero pronto se vio no que fuera difícil, sino que iba a ser imposible. El submarino amarillo se hundió con todo el equipo y, lo peor, no dio sensación de peligro en ningún momento. Quizá Pellegrini, en su afán por frenar al Arsenal, se olvidó que para ganar es necesario marcar.
La propuesta del chileno pasó por anular a Cesc y compañía, pero le salió cruz. Imperial, Fábregas hizo y deshizo a su antojo, demostró el porqué de su capitanía londinense y como si fuera un acto reflejo ofreció un recital de fútbol.
Sin la templanza de Senna y el desparpajo de Cazorla, agotado física y, probablemente, psíquicamente, el Villarreal acabó siendo un equipo menor, entregado y rendido. Más aún después de que Walcott mostrara las limitaciones defensivas en una magistral combinación con Cesc.
Las esperanzas perdudaron, pero sin pólvora arriba, ni en apuros se puso a los ‘novatos’ defensivos del Arsenal. Así que en el arranque de la segunda parte el Arsenal decidió poner fin a todas las ilusiones amarillas. Adebayor hizo el 2-0 y el Villarreal se rindió primero, para hundirse con el penalti de Van Persie que certificó lo que todos sabíamos: el fútbol inglés está, hoy por hoy, un paso por delante del español.
En NdF | Lección del maestro Cesc al Villarreal
Foto | UEFA



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