
La Federación Escocesa de Fútbol le ha quitado radicalmente el sueño de jugar con Escocia a Nacho Novo. En las últimas dos semanas, el que se habÃa convertido en Ãdolo dentro de Escocia, entendÃa que si encajaba en el fútbol y en la sociedad escocesa, deberÃa tener opciones de jugar en el equipo nacional.
Esperando a que le pregunten, él y los que pedÃan su promoción a la selección han tenido la más amarga (y bastante enfermizamente patriótica, dicho sea de paso) de las respuesta. Ningún hombre o mujer por el que no corra sangre escocesa por su venas podrá jugar con Escocia. Sorprendente y triste que cuestiones de DNI se transformen en lexemas ideológicos, y más cuando de lo que hablamos es de deporte.
Aquellos adeptos por la conservación de la particularidad nacional no deberÃan alarmarse porque un jugador nacido en otro paÃs se nacionalice y juegue con la selección nacional. Sobra decir que si echamos históricamente la vista atrás, encontraremos pocas estirpes que hayan permanecido durante generaciones en un mismo lugar.
Historia a parte, la decisión escocesa no podrÃa ser más desacertada. Que un órgano oficial apele a la sangre es decadente. La sangre y el fútbol no pertenecen a una sola nación. La estrella del Glasgow Rangers tendrá que conformarse con triunfar en la liga del paÃs. Peor para ellos.



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