España regresa este miércoles a la competición. Un partido amistoso más para seguir exhibiendo el título europeo logrado el pasado verano. Un partido más para ratificar que el juego de España sigue estando a la altura de los mejores.
Tanto que Vicente del Bosque, sin querer pecar de euforia, sí que es realista y es consciente de que hay que aprovechar al máximo el momento que vive la selección. Y es que la generación de jugadores que visten la roja están, en opinión del seleccionador, capacitados para ganar el título mundial en Sudáfrica.
Queda lejos aún la cita sudafricana. Falta mucho y los deberes están aún sin hacer, aunque muy bien encarrilados. Hasta finales de marzo, cuando se disputará el doble enfrentamiento ante Turquía, no llegará la hora de la verdad para el salmantino. Dos triunfos sentenciarán la presencia española en el primer mundial africano.
Lo de esta noche es una prueba más. Será la fiesta final de curso (al menos así lo espera la afición de Vila-real) a un año dorado. Dorado será también para Mata y Fernando Llorente. En pleno debate sobre la necesidad de convocar para un amistoso a jugadores castigados físicamente (Benítez ha protestado por la llamada de Torres), todo hace indicar que habrá dosificación. Mucha dosificación.
El juego no se resentirá. Lo bueno de esta generación de futbolistas es que siguen teniendo hambre. Mucha hambre. La Eurocopa fue su aperitivo. Ahora quieren el primer plato.


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