España hizo los deberes. Ganó a Uruguay (3-0) y cerró la primera fase como líder del grupo lo que, en teoría, le asegura rivales más cómodos para la segunda fase en la que se estrenará el sábado.
No se esperaba otra cosa del equipo de José Venancio, que aspira a igualar en títulos a Brasil, pero se esperaban otras formas. Y es que los partidos de la primera fase dejan tantas luces como sombras. Entre las primeras, su capacidad para controlar los partidos; de las segundas destaca, sobre todo, lo que le cuesta abrir el marcador.
Con diferente resultado, el partido de Uruguay se pareció al de Irán. España, pese a disponer de la posesión del balón le costó horrores abrir el marcador. Tanto que casi no lo hace en la primera parte. Sólo Javi Rodríguez, a falta de poco más de un minuto para el descanso, abrió la lata sudamericana.
Se le siguen atascando en exceso a España las defensas cerradas. No consigue incrementar el ritmo de juego y acaba aburriendo. No sufre (al menos ante Uruguay no lo hizo), pero tampoco mata. Afortunadamente y a priori, se presumen menos encerronas en la segunda fase. Abierta la lata, España consiguió sentenciar en el primer minuto del arranque. Dos goles de Fernandao aseguraron el triunfo. Pero los goles hicieron emerger a una España desconocida hasta ese momento.
Cayeron los españoles en la provocación de los uruguayos y se fueron del partido. Tocó sufrir (menos mal que apareció Cristian) y se perdieron los papeles. Cinco faltas en menos de diez minutos abrieron las esperanzas uruguayas ante una España que dejaba mucho que desear y que se veía superada por su rival.
Afortunadamente la pájara no duró demasiado. Se recuperó la posesión de balón, se incrementó la concentración e intensidad del juego y el rebaño volvió a su redil. Todo quedó controlado. Afortunadamente era Uruguay. El sábado (17.30 horas, La2), Rusia no será tan benevolente ni tan compasiva.



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