
Como aquel error de Arconada en la Eurocopa de 1984, del de Pau Gasol en el Eurobasket ante Rusia, como aquel de Joaquín en el Mundial de Corea. Sí, seguramente todos recordaremos la final ante Brasil en el Mundial de Fútbol Sala por ese último penalti errado por Marcelo, aunque como en los anteriores casos, también sabremos que no fue su responsabilidad.
Hay cosas que duelen, pero de las que se tiene que estar orgulloso. España ha mostrado un gran nivel en Brasil, en territorio comanche, alcanzando el objetivo primordial y lo que todos esperábamos de este grupo. La bicampeona del Mundo no faltó a su cita con la final y cayó con todo puesto ante la única selección que le podía plantar cara. Los penaltis son la máxima expresión de la fortuna en el deporte. Lo peor es que no hay un tono grisáceo al que agarrarse en estos casos. El final es o blanco o negro.
No hay palabras ni cualquier toque en la espalda que vaya a aliviar el dolor de la selección comandada por José Venancio en los próximos días. Inevitable es caer en el tópico de decir que España debe estar orgullosa del papel que ha desarrollado en Brasil. Qué mejor que el viaje de vuelta hubiera sido con la tercera corona bajo el brazo, pero el objetivo era difícil y el Maracanazo no fue posible.
Foto | FIFA


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