Hablar insistentemente es el recurso, la vía de escape, la forma de relajarse de mucha gente cuando está nerviosa. Otros se muerden las uñas, chasquean los dedos… El objetivo es tratar de olvidar la preocupación que nos carcome y relajarnos antes de esa cita que sabemos fundamental. Algo así es lo que está viviendo Lewis Hamilton.
El británico, que podría proclamarse campeón del mundo el próximo fin de semana en Brasil, ha decidido comenzar a hablar con todo el mundo. Y no calla. Día tras día los medios recogen sus palabras. Y en menos de una semana le ha dado tiempo a ‘pasar’ de todo el mundo, a cargar contra Alonso y a asegurar que forzará en Brasil.
Lo cierto es que la procesión va por dentro y Hamilton no tiene que estar demasiado tranquilo. Sabe que es capaz de lo mejor, como demostró el pasado fin de semana en China, y de lo peor, como ejemplificó hace ahora un año también en China.
Su gran preocupación es el motor de su McLaren. Ha asegurado que en Brasil, pese a que no lo necesita, forzará (ya se encargarán en su escudería de hacerle cambiar de idea), pero su motor quizá no piense lo mismo. Las dudas, no tanto hacia su piloto como hacia su motor, ya han llegado a McLaren.
“Nuestros motores generalmente han sido muy fiables, pero siempre estás preocupado porque un pequeño desliz puede provocar que el campeonato se vaya a pique”, ha dicho el director ejecutivo de la escudería. Todo el mundo se ha echado a temblar y se acuerda de lo que sucedió el curso pasado cuando el título se lo llevó en una magnifica carambola Raikkonen. Ahora es Massa quien está al acecho.
Ese miedo le ha hecho cargar contra Alonso. Todos sabíamos que no había buen rollo entre uno y otro, pero ha extendido esa relación a toda la escudería y ha vuelto a demostrar su egolatría: “Yo no estoy en este deporte para hacer amigos, estoy aquí para tener éxito”. Así, normal que nadie quiera que gane.
Foto | As


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