
De los que se anuncia, pero no se gritan. Esto es lo que son en el cartel de la Vuelta Ivan Basso y Alexander Vinokourov. Y es que todavía atraen los malos augurios.
¿Y por qué? Si ya han cumplicado sus dos años de sanción, y por sus declaraciones se muestran superficialmente cuerdos. No es justo que las madres (y padres, a pesar de que la tradición nos obligue a contar que las violentas estrategias paternas son las menos inteligentes) los utilicen para asustar a los niños más desobedientes.
Imaginen que ambos pugnan por el podio. Sería una gran lucha por comprobar quién se ha recuperado mejor del golpe moral y del esfuerzo sin trampas.
La exageración que en sí mismo es Vinokourov le quita peligrosamente sensibilidad, hacia el gran público, la carrera, Astana, Andreas Klöden, o el deporte en general. Prefiero ni pensarlo.
Otra historia es Basso, quien sí reconoció en su día sus culpabilidad. ¿Qué ocurrirá si no termina de encontarse a sí mismo en 2009? Tendremos que esperar, pero por favor, que estos nombres pasen rápido en septiembre.
Foto | El Mundo


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