
Se oye, se dice, se comenta que Guardiola será el próximo entrenador del Barcelona.
Sinceramente no le veo como el salvador de un equipo en crisis, cargado de lo que Calderón ha definido como “vedettismo” y que intenta crecer sobre los hombros de un chaval imberbe, que se ha convertido en el único rayo de luz en un club roto desde dentro (directiva) hacia fuera (afición).
Hasta el momento la cabeza del Dream Team, lo mejor que tiene en su currículo y detalle que le ha servido para llegar a donde está. La moda de los entrenadores con un perfil muy definido: jóvenes, ex futbolistas y casi sin experiencia, no siempre sale bien y un club como el Barça no debería arriesgarse tras dos años en blanco a una sola carta que no es muy alta y que no ha demostrado ser útil para ganar las manos que juega.
Estos son los lodos que han provocado unos años de errores conocidos por todos y salidos hace poco de la orilla blanca y que los catalanes no deberían haber Pocas cosas más se pueden salvar del año blaugrana.
Víctor Valdés ha logrado aguantar el chaparrón en la portería, en defensa Puyol no tiene el físico sobre el que se sostenía su juego y Abidal y Zambrotta no son ni de lejos lo que prometían ser. En el centro del campo ha faltado más cabeza, y eso, teniendo a Xavi, Iniesta, Deco... es más que preocupante. Arriba Bojan está solo junto a las lesiones de Messi, el acabado de Ronaldinho y el celoso Eto’o.
Nos espera un verano interesante en la orilla culé, con fichajes, despidos, ceses y rumores que animarán los chiringuitos e intentarán reflotar un barco que tiene mala pinta.
Veremos en que queda todo esto.


